Tormenta de Celos – News

Tormenta de Celos

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El Secreto Revelado en el Piso Cuarenta y Ocho

El teléfono de Dominic Voss continuaba vibrando sobre la larga mesa de caoba, un zumbido sordo que resonaba en la gran sala de conferencias como el tic-tac de un reloj de cuenta regresiva. La tensión en el aire se volvió tan espesa que las hojas impresas con los horarios de los puertos de Chicago y Baltimore parecían flotar en el vacío.

Mason Orlov no desvió la mirada de Dominic. Su expresión, por lo general una fría máscara de control absoluto, se contrajo apenas un ápice. El vaso de whisky que tenía cerca de la mano permanecía intacto, pero los nudillos de sus dedos se habían vuelto blancos al aferrarse al borde de la madera.

—Habla, Dominic —ordenó Mason. Su voz era un susurro bajo, mortalmente calmado, el tipo de tono que precedía a una tormenta destructiva en los muelles de Brooklyn.

Dominic tragó saliva, cruzando una mirada rápida hacia mí antes de responder.

—No es un hombre común, jefe. El tipo con el que Bella va a cenar esta noche en SoHo… se llama Julian Vance. Es el director de inversiones de una firma privada en Wall Street, pero sus cuentas están fondeadas por un fideicomiso que viene directamente de Zúrich. Y lo más importante… es el sobrino de Viktor Blake.

El nombre de la Bratva rusa golpeó la sala como un impacto de bala.

Mi tableta resbaló de mis dedos y cayó sobre la alfombra con un golpe seco. ¿Viktor Blake? El mismo hombre que había masacrado a la familia de Clara en Amberes, el mismo rival comercial que llevaba meses intentando infiltrarse en el territorio de Orlov mediante testaferros y contratos corporativos falsos.

La Trampa Invisible en SoHo

—¿Julian Vance? —repetí en un hilo de voz, sintiendo que el suelo se desvanecía bajo mis pies—. No… eso es imposible. Nos conocimos en una galería de arte en el bajo Manhattan hace tres semanas. Me dijo que trabajaba en análisis financiero. Jamás mencionó a la Bratva, ni a Rusia, ni a ningún apellido peligroso.

Mason se puso de pie con una lentitud aterradora. La silla de cuero negro chirrió contra el suelo mientras él rodeaba la mesa, avanzando hacia mí con pasos pesados, medidos, como un depredador que acorrala a su presa no por maldad, sino por puro instinto de supervivencia.

—La inocencia es un lujo que no te puedes permitir, Bella —dijo Mason, deteniéndose a pocos centímetros de mí. Su pecho subía y bajaba con una respiración contenida, y el calor de su cuerpo contrastaba con el frío gélido de sus ojos—. ¿Crees que es una coincidencia que el sobrino de mi peor enemigo aparezca exactamente frente a mi asistente personal, la mujer que maneja cada clave, cada ruta y cada contrato secreto de Orlov Global?

—¡Yo no sabía nada! —protesté, sintiendo que las lágrimas de frustración y miedo amenazaban con romper mi fachada—. ¡No soy una espía, Mason! Solo… solo quería salir a cenar con alguien que no oliera a pólvora y dinero sucio por una sola noche en tres malditos años!

Dominic y Leo bajaron la vista de inmediato, respetando una línea que nadie se atrevía a cruzar en presencia de su jefe. Pero Mason no apartó los ojos de los míos. Su mano grande y cálida se alzó con una lentitud casi dolorosa, y con el dorso de sus dedos rozó mi mejilla, barriendo un mechón de cabello con una delicadeza que contradecía por completo la violencia que irradiaba su figura.

—Lo sé —murmuró, y por un segundo, su voz perdió toda la dureza del imperio que gobernaba—. Sé que eres pura, Bella. Por eso mismo no puedo permitir que ese maldito ponga un solo dedo encima de ti.

El Precio de la Desobediencia

—¿Qué vas a hacer? —le pregunté, conteniendo el aliento.

—Lo que hago siempre para proteger lo que es mío —respondió Mason, girándose hacia Dominic—. Cancela la reunión de Chicago. Y llama a nuestros equipos en SoHo. La cena de esta noche no se cancela… simplemente vamos a cambiar de anfitrión.

El aire en el piso cuarenta y ocho se volvió irrespirable. Comprendí en ese preciso instante que la cita romántica en el restaurante de moda de SoHo se había convertido en una trampa mortal organizada por la Bratva rusa, pero también en un campo de batalla donde Mason Orlov estaba dispuesto a quemar Nueva York entera antes de permitir que alguien me arrebatara de su lado.

Mason tomó su abrigo negro del respaldo de la silla, se lo puso con movimientos rápidos y se dirigió hacia la puerta privada de su despacho, deteniéndose justo en el umbral para mirarme por última vez por encima del hombro.

—Te vistes elegante para la cena de esta noche, Bella —ordenó con una media sonrisa fría y peligrosa—. Porque vas a cenar con un monstruo… pero te aseguro que seré el único que quede en pie cuando termine la noche.

Disclaimer: This story is fictional and created for entertainment purposes only. Any names, characters, places, or events are fictitious or used fictitiously. No real person or organization is intended to be portrayed.

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