Las Sombras de la Obsesión – News

Las Sombras de la Obsesión

Las Sombras de la Obsesión

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El Pestillo que Separaba el Secreto de la Muerte

El sonido metálico del pomo girando en la oscuridad del pasillo resonó como un disparo dentro de la recámara principal. Al otro lado de la puerta pesada de roble reforzado, alguien intentaba forzar el mecanismo con una calma calculada, ignorando por completo que los aposentos privados de Matteo DeLuca nunca se abrían sin una orden directa o el sonido de una llave maestra que solo poseían dos personas en todo el complejo de Chicago.

Mi mano, por puro reflejo instintivo, se deslizó hacia la funda oculta bajo la chaqueta, rozando la culata de acero frío de mi pistola. Al mismo tiempo, miré de reojo a Elena Marlowe. La joven estaba de pie junto a la esquina de la cama, con el uniforme gris desalineado, el rostro pálido por la fiebre persistente y los ojos muy abiertos, fijos en la puerta como si una aparición estuviera a punto de materializarse.

—Silencio —susurré en un tono apenas perceptible, acercándome a ella con pasos felinos y bloqueando su cuerpo con el mío—. Ni un solo movimiento. Si esa puerta se abre, te quedas detrás de mí.

El pestillo volvió a sonar, esta vez acompañado por un leve crujido de madera. Quienquiera que estuviera al otro lado no esperaba que la puerta estuviera trancada desde adentro; creían que encontrarían la habitación vacía, o tal vez asumían que la fiebre de Elena ya habría hecho su trabajo y que un cuerpo sin vida o inconsciente sería fácil de retirar antes del amanecer.

Seis años atrás, una noche de invierno similar, había aprendido a no confiar en nadie. El sonido de los cristales rotos, el olor a gasolina y el llanto ahogado de la única persona que había logrado traspasar mis defensas seguían quemando en mi memoria como una herida abierta que nunca terminó de cicatrizar. Aquella noche juré que mi cama, mi refugio y mi confianza se convertirían en una tumba para cualquiera que se atreviera a profanarlos.

Y, sin embargo, ahí estaba Elena, temblando contra mi espalda, cargando con una nota anónima que la señalaba como un peón prescindible en un juego de ajedrez donde alguien más movía los hilos oscuros de mi organización.

La Trampa Oculta en el Pasillo

Jefe —una voz ronca y amortiguada atravesó la madera de la puerta. Era Dante, mi jefe de seguridad, hablando con la urgencia contenida de quien trae malas noticias—. La puerta del ala este fue forzada desde afuera hace diez minutos. Encontramos el cuerpo del guardia nocturno en el jardín trasero. Alguien intentó limpiar la escena, pero dejaron rastros de un sedante sintético idéntico al que usan los laboratorios de la familia Moretti.

El nombre de los Moretti flotó en el aire denso de la habitación. Mis rivales históricos. Los mismos hombres que habían intentado destruir mi imperio en el bajo mundo de Chicago durante la última década.

Miré a Elena. Su respiración seguía agitada, pero la claridad en su mirada indicaba que el pánico había dado paso a una fría comprensión. Ella no era una simple empleada doméstica enviada al azar para limpiar las habitaciones de la mansión; su presencia allí había sido orquestada para ponerme a prueba o para eliminarla bajo mi propio techo y culparme del asesinato.

—Dante —respondí alzando la voz lo suficiente para que atravesara el roble macizo, manteniendo mi brazo firme frente a Elena—, deja la puerta en paz y rodea el perímetro. Nadie sale de esta finca con vida esta noche.

—Entendido, señor. Ya bloqueamos los accesos principales. Los hombres están en posición.

Los pasos de Dante se alejaron con rapidez por el pasillo alfombrado, perdiéndose en el silencio de la madrugada. Pero la tensión en el interior de la recámara no disminuyó ni un ápice.

Elena bajó la mirada hacia la nota arrugada que aún sostenía entre sus dedos temblorosos. “She heard what happened six years ago.”

—Yo no sé nada de lo que pasó hace seis años, señor DeLuca —dijo ella en un susurro quebrado, con los ojos húmedos de frustración y miedo—. Apenas cumplí veintidós el mes pasado. Cuando ocurrió lo de su esposa… yo todavía iba a la escuela secundaria en un pueblo a tres horas de aquí. No tengo idea de qué secreto creen que descubrí.

Me acerqué un poco más a ella, examinando cada facción de su rostro bajo la tenue luz de la luna que se filtraba por los ventanales. No había falsedad en sus palabras. Su pulso era acelerado, su piel ardía por la fiebre, y sus ojos reflejaban una vulnerabilidad genuina que ningún asesino profesional habría sabido fingir tan a la perfección.

—Entonces alguien quiere que yo crea que sí lo sabes —le dije con voz grave, tomando su barbilla con suavidad entre mis dedos para obligarla a sostenerme la mirada—. Alguien dentro de mi propio personal está introduciendo veneno en tu té y dejando notas en mi almohada para obligarme a deshacerme de ti… o para obligarte a huir hacia una trampa mortal fuera de estos muros.

La Alianza en la Oscuridad

—¿Y qué va a hacer conmigo? —preguntó Elena, tragando saliva con dificultad—. Si descubren que sobreviví al té y que sigo aquí dentro con usted, volverán a intentarlo. Ya no tengo a dónde ir; mi alquiler fue cancelado la semana pasada y…

—No vas a ir a ninguna parte —interrumpí con una autoridad inapelable, soltando su rostro y dándome la vuelta hacia la mesita de noche para recargar el cargador de mi arma—. A partir de este momento, dejas de ser una empleada doméstica. Te quedas en esta recámara bajo mi protección. Si alguien quiere tocarte, tendrá que atravesar cada uno de mis hombres y pasar por encima de mi cadáver.

Un destello de asombro y algo parecido a la esperanza cruzó por los ojos de Elena. Dio un paso hacia mí, con la intención de decir algo más, cuando el zumbido de un teléfono satelital oculto en el cajón inferior de mi escritorio comenzó a vibrar con insistencia.

Era una línea encriptada que solo utilizaban mis contactos en la fiscalía federal y los pocos informantes que me quedaban dentro de la red de los Moretti.

Saqué el aparato con una mano mientras mantenía la otra firme sobre la pistola. Al presionar el botón de altavoz, una voz distorsionada y electrónica llenó el espacio silencioso de la habitación.

Matteo… si estás escuchando esto, ya es demasiado tarde para buscar al topo en tu mansión —susurró la voz al otro lado de la línea, con un tono burlón y helado—. La verdadera pregunta que deberías hacerte esta noche no es quién le dio el té a la muchacha… sino por qué el documento original del incendio de hace seis años acaba de ser depositado anónimamente en la fiscalía del estado… con tu propia firma en la última página.

La llamada se cortó con un tono seco y monótono.

El teléfono cayó sobre la sábana con un golpe sordo. Miré hacia la puerta cerrada, luego hacia la ventana por donde la tormenta de invierno comenzaba a azotar los cristales con fuerza furiosa, y finalmente hacia Elena, quien me observaba con el corazón en un puño.

El juego había terminado. Alguien conocía cada detalle de mi pasado, y la trampa perfecta acababa de cerrarse a nuestro alrededor. Lo único que nos quedaba era descubrir la verdad… antes de que el mundo entero viniera a cobrarse la deuda.

Disclaimer: This story is fictional and created for entertainment purposes only. Any names, characters, places, or events are fictitious or used fictitiously. No real person or organization is intended to be portrayed.

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